domingo, 20 de junio de 2021

¡HIJOS DE UN MISMO PADRE!

Varias veces supe escuchar de diversas fuentes que supuestamente "todos somos hijos de Dios debido a que todos fuimos creados por Dios"; pero si analizamos esa pensamiento a la luz de la palabra de Dios, es decir, la Biblia, nos damos cuenta de que esto no es lo que realmente Dios nos enseña. Sí, todos fuimos creados por Dios, lo cual nos hace parte (junto a la naturaleza) de SU CREACIÓN, pero NO es esto lo que nos hace sus HIJOS.


Tal como he contado en otros devocionales, la comunión que en un principio la humanidad tenía con Dios se rompió a causa del pecado. Pero Dios no se quedó de brazos cruzados, Él nos amó tanto que envió a Jesús, su hijo Unigénito, para salvarnos de la condena de muerte eterna que merecíamos como paga por el pecado.

"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" San Juan 3:16.


Y tal como dice el versículo, somos salvos de nuestra condena al CREER EN JESÚS y en todo lo que hizo por nosotros. ¡SIMPLEMENTE CREYENDO! Ni siquiera es necesario hacer algún ritual raro, ni prender una vela ni vestirse con ropa rara. Para nada. Tan solo CREYENDO DE VERDAD Y RECIBIENDO A JESÚS EN NUESTRO CORAZÓN COMO EL SALVADOR DE NUESTRAS ALMAS. Y si hacemos esto, no solamente somos libres de la condena heredando la VIDA ETERNA, sino que CREER ES LO QUE NOS HACE FORMAR PARTE DE LA FAMILIA DE DIOS Y ¡SER LLAMADOS HIJOS DE DIOS!

"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" 1 Juan 1:12.

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios" 1 Juan 3:1.


¡GRACIAS A JESÚS AHORA PODEMOS SER LLAMADOS HIJOS DE DIOS! Por eso cuando Jesús estaba por ascender al cielo dijo: "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" San Juan 20:17. La misión se cumplió. Gracias a Jesús ahora podemos decir que Dios no solo es nuestro CREADOR, sino también nuestro PADRE. 


Y como todo padre, Él nos ama y se preocupa por nosotros. Somos muy importantes para Él. En Él podemos confiar ciegamente. Con Él podemos hablar (a través de la ORACIÓN) de absolutamente TODO sabiendo que no nos va a juzgar, pues Él es un padre que conoce TODO de nosotros y aún así NO nos condena por los errores o defectos que tengamos. Todo lo contrario. Él nos acepta tal cual somos; pero nos ama tanto que no nos deja así, sino que nos hace incluso mejores. Si le damos lugar, Él trabaja en nuestros corazones y nos enseña a ser cada vez más como Jesús. Él es un padre protector, que nos guarda de todo peligro. Él es un padre que nos ve en todo momento y está siempre atento a nuestras peticiones y a nuestros anhelos, para concederlos a su tiempo y según su voluntad. ÉL ES EL MEJOR PADRE QUE PODEMOS TENER 💘


Así que, si ya eres hijo o hija de Dios, te invito a que nunca te apartes, ni pierdas la fe. Recuerda que a Dios le importas y que Él es un padre en el que puedes confiar. 

Y si aún no eres parte de la Familia de Dios pero quisieras serlo, te invito a que hoy le abras tu corazón a Jesús y lo recibas como tu Señor y Salvador, y así de ser creación pasarás a ser un hijo o hija más de Dios, unido a esta familia hermosa. 


Los hijos de Dios (más allá de la denominación o iglesia a la que pertenezcamos) somos una familia unida que adora y busca a Dios, que intenta ser mejor cada día y que espera a Jesús en su segunda venida para finalmente ir a vivir con Él en las moradas eternas que nos está preparando. Pues tal como Jesús dijo: "En la casa de mi Padre muchas moradas hay; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéisSan Juan 14:2-3.


¡Jesús viene pronto! ¿Eres parte de la familia?


"Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén" Filipenses 4:20.

domingo, 13 de junio de 2021

DISFRUTAR EL PROCESO...

En estos últimos días, pensaba en la rapidez con la que el tiempo pasa, y por ende, nuestra vida. Me acordaba de lo feliz que era de niña, y que cuando menos me di cuenta ya fui adolescente; y de la nada ya estoy acá, con 22 años. Sí, soy joven; pero sinceramente no sé en qué momento se me pasaron 22 años de vida. Lo que quiero decir con esto es que, creo que no solo a mí, sino a todos nos pasa que cuando nos ponemos a pensar en nuestra edad o incluso en la edad de alguna otra persona, realmente no entendemos cómo es que el tiempo pasa tan pero tan rápido.

Y a lo que voy con esto es que, no solo nos damos cuenta de la rapidez con la que pasa el tiempo, sino que muchas veces nos invade una tristeza porque recordamos momentos que no disfrutamos lo suficiente, o recordamos etapas en las que debimos habernos esforzado más para lograr aquello que queríamos y no lo hicimos, o incluso nos arrepentimos de no haber disfrutado a nuestros familiares y amigos al máximo. Nos arrepentimos de no haber aceptado un trabajo que nos convenía, o de haber aceptado uno habiendo algo mejor, o de estar estudiando algo que no nos apasiona ni nos gusta sólo para complacer a alguien más, o peor: nos damos cuenta de que nuestra relación con Dios está cada vez más débil porque no le dedicamos el tiempo suficiente, entre tantos otros ejemplos que podemos mencionar. 

La realidad es que no solo el tiempo pasa rápido, sino que encima vivimos en un mundo que nos lleva a mil por hora. Un mundo más que acelerado, un mundo impaciente. Cuando terminamos la secundaria nos preguntan, ¿Qué vas a estudiar ahora? cuando nos recibimos nos preguntan ¿y ya te vas a casar? cuando nos casamos, ¿ y para cuándo los hijos? cuando tenemos hijos, ¿ y para cuándo los nietos? y así podría seguir ejemplificando, pero creo que se entendió la idea.

Y con esto no quiero decir que cumplir todas esas cosas esté mal, para nada. Son grandes logros y avances. El problema es que el mundo nos lleva a un ritmo tan acelerado, que NO NOS PERMITE DETENERNOS A DISFRUTAR CADA ETAPA COMO DEBERÍAMOS.  

El problema es que estamos tan enfocados en aquellas cosas que queremos y EN ESTE PRECISO MOMENTO no tenemos, que nos olvidamos de disfrutar cada etapa y proceso que nos toca vivir HOY. Nos olvidamos de apreciar las pequeñas cosas, aquellas que parecen insignificantes pero que en realidad valen mucho. Nos olvidamos de disfrutar la bendición de tener a nuestros seres queridos sanos, con vida; o de disfrutar ese plato de comida calentito que tenemos en nuestra mesa, o de disfrutar a nuestras mascotas, abrazar a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestras amistades. Nos olvidamos de disfrutar la carrera que estamos haciendo, o el trabajo que tenemos. En síntesis, nos olvidamos de agradecer por lo que tenemos hoy, y por el lugar en el que nos encontramos hoy.

Hay un propósito detrás de cada etapa que Dios nos permite vivir y cada lugar en el que nos permite estar. Todo nos lleva a un crecimiento, de todo siempre podemos aprender. Todo siempre termina siendo para nuestro bien.
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" Romanos 8:28.

Toda etapa que nos toca vivir, es justamente eso, una etapa, una fase, un período, un proceso por el que nos toca pasar. La vida pasa volando y cambiamos de etapa muy rápido. Después es feo arrepentirse de no haber disfrutado tal etapa lo suficiente. Tratemos de que eso no nos pase. Es importante realmente disfrutar cada etapa, ver lo bueno en cada una de ellas, y agradecer por eso. Tratemos de vivir cada día al máximo, a pesar de que no todo salga como lo planeamos. Tratemos de, al final del día, analizar qué valiosa lección aprendimos ese día. 

Y lo más importante de todo: no olvidarnos de Dios, ni descuidar nuestra relación con Él. No olvidarnos de buscarlo, de alabarle, de adorarlo, de hablar con Él, de conocer más de Él, y recordar siempre que en cada etapa, Él está ahí, al lado nuestro, dispuesto a ayudarnos en todo, a guardarnos y protegernos, a bendecirnos y a darnos lo mejor para nuestras vidas. Y que si creemos y confiamos, Él nos va a conceder las peticiones de nuestro corazón, conforme a sus tiempos y a su voluntad. Simplemente debemos CREER, CONFIAR Y APRENDER A ESPERAR EN ÉL.

Les comparto algunos versículos puntuales del Salmo 37 que me han sido de mucha bendición y fortaleza:

3 - Confía en Jehová, y haz el bien;

4- Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.

5 - Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.

7- Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.

Dios te bendiga, te guarde y te ayude a ver todo lo bueno que hay en esta etapa que estás viviendo. Un abrazo.